El presidente estadounidense, Donald Trump, ha cerrado la puerta a la creación de un marco normativo estricto para la inteligencia artificial (IA) en Estados Unidos. En sintonía con su agenda de desregulación económica, el presidente Trump ha restado importancia a las alertas globales sobre los peligros existenciales de los sistemas autónomos, priorizando de forma absoluta la hegemonía tecnológica y militar frente a China.
“No me preocupa. Estamos construyendo infraestructuras masivas y liderando el sector, ¿por qué deberíamos frenar?”, declaró de forma contundente el presidente estadounidense, delegando la responsabilidad de la seguridad en los propios desarrolladores al afirmar de manera pragmática que “si algo sale mal, simplemente tienen que arreglarlo”.
Geopolítica sobre seguridad: El factor Pekín
La postura del presidente Trump marca una distancia insalvable con las corrientes reguladoras de la Unión Europea y los esfuerzos previos de la Casa Blanca, que buscaban establecer comités de ética y auditorías de seguridad antes del despliegue comercial de modelos avanzados de IA.
Para el presidente estadounidense, cualquier intento de imponer frenos burocráticos o firmar tratados internacionales de control de armas digitales representa un acto de “debilidad” que Pekín podría aprovechar. El enfoque de su administración se basa en que la mejor protección para la seguridad nacional de EE. UU. no es la prohibición, sino mantener una brecha tecnológica insuperable mediante la construcción de centros de datos gigantescos impulsados por energía estadounidense.
Choque con la comunidad científica y empresarial
Este enfoque de libre mercado y autorregulación choca directamente con la postura de la ONU, de importantes laboratorios de IA y de filántropos como Bill Gates, quienes insisten en que una IA sin control supone una amenaza real e inmediata para el empleo global y la ciberseguridad. Gigantes del sector como IBM también han advertido de que, sin supervisión externa, los riesgos relacionados con la desinformación masiva, el robo de datos y los sesgos algorítmicos se multiplicarán en los próximos años.
Sin embargo, los argumentos del mandatario reflejan la visión del ala más dura de Silicon Valley, que sostiene que el dinamismo corporativo no debe ser tutelado por el Estado, transformando el debate de la IA en un asunto estrictamente comercial y de competencia internacional.




